Ntra. Sra. de la Soledad

La imagen de Nuestra Señora de la Soledad es una talla de candelero de 1,50 m de estatura realizada a finales de la década de los 40 en sustitución de la imagen primitiva, destruida durante la Guerra Civil española. Se trata de una obra de autor desconocido, si bien sus rasgos y facciones, así como la posición entrelazada de sus manos, permiten su atribución a la escuela granadina.

Fue restaurada en el año 2001 en el taller del imaginero hispalense Jesús Curquejo debido al deteriorado estado de conservación en el que se encontraba.

La imagen primitiva, que fue remozada en algunas ocasiones, fue quemada al iniciarse la guerra civil del 18 de Julio de 1936, al final del cual fue sustituida por otra que adquirió la propia Hermandad.

Tanto aquella como esta estaban formadas por un castillete, con cabeza y brazos tallados en madera, despidiendo la cara de la primitiva una gran unción y delicadeza que le diera su ignorado imaginero, sin que las cualidades artísticas de la presente desmerezcan en nada con respecto a la que llegó a conocer.

Tenía cuatro mantos de terciopelo, uno de ellos con doble galón a todo alrededor, puntas al aire, ramos y estrellas bordados en oro.

El segundo era de damasco, también con doble galón, pero sin los ramos y estrellas, del que se tocaba la imagen a diario.

Un tercero más deteriorado, del que se hizo un frontal para la mesa de nogal que en el año 1.810 donara DON PEDRO BARRANCO, que era donde se colocaba la imagen del martes al Viernes Santo y un último, riquísimo, confeccionado en Madrid, de terciopelo negro, que le fue donado por DONA BERNARDA JUNQUITO, viuda de Don Juan López, que estreno en el año 1813, en unión de una corona y un corazón de plata, regalo, asimismo, de doña Marta de Otano, esposa de don Nicolás Ruiberriz de Torres, con la ayuda de una onza de oro que regalara con el mismo fin, un 17 de abril del 1808, la camarera saliente, DONA LUISA DE AGUILERA Y ORIVE.

Tenía sobrado repuesto de monjiles, basquines, armillas, enaguas, tocas, pañuelos de mano, velos, túnicas y estolas. TRES CORONAS, dos de ellas de plata y dos medias lunas del mismo metal; un alfiler de oro que ostentaba en el pecho, ropas que se guardaban en las áreas de la Hermandad y alhajas que custodiaba en su domicilio la camarera de turno.

El día 3 de abril de 1825, siendo camarera doña ANA MARÍA PÉREZ, la Hermandad estimo que el trono sobre el que se colocaba la sagrada Imagen para ser sacada en procesión, no era lo suficientemente decente y consistente para tal fin y decidieron adquirir uno nuevo, a cuyo efecto se desplazaron a Córdoba los cofrades don CRISTINO AGUILERA y a don FÉLIX LÓPEZ, los cuales adquirieron la hermosa pieza que vino usándose hasta su destrucción y cuyo importe fue el de MIL REALES DE VELLÓN, aparte de los TREINTA Y DOS que llevó el cosario por el porte.

Dicho trono iba cubierto por un precioso palio con cuatro cortinas de damasco negro, con cielo del mismo género y fleco dorado, sostenido por cuatro varales de plata, dosel que fue reemplazado por otro nuevo el día 7 de abril de 1844, siendo camarera dona AMELIA AGUILERA, cubriéndose ya el frontal, fondo y laterales, con sendos pafios de damasco y el fleco correspondiente, con lo que gano en vistosidad el conjunto.

El año 1827 fue renovado el ESTANDARTE por otro que confecciono la costurera MANUELA DEL PINO, a la que fueron abonados SESENTA Y TRES REALES por el entonces alférez, DON FELIX LOPEZ.

Su hermoso retablo fué destruido en el 1936 y fue construido por la Hermandad de Señoras, siendo su importe el de DOS MIL SEISC1ENTOS SIETE REALES, al ser entregado un 17 de abril de 1808, cuando era camarera DONA LUISA DE AGUILERA, terminando de perfilar detalles el 26 de abril de 1810, abonándose en esta fecha al maestro pintor, JOSE MARTINEZ y LAGUNA, TRESCIENTOS REALES, por la tesorera DONA FABIANA RUIZ DE QUERO, la que tuvo que pagar en 14 de abril del año siguiente: OTROS CUATROCIENTOS REALES DE VELLON al convento de SAN FRANCISCO, por los alimentos de treinta y siete días al referido pintor, de cuyo pago se encargó DON FERNANDO CANETE, Administrador de Bienes Nacionales, quien también tuvo que hacerlo de otros OCHOCIENTOS TREINTA Y DOS REALES, a DON

JOSE MARTINEZ DE LA LAGUNA por el trabajo del camarín, pechinas y media naranja de la cúpula y clave del arco.

LA FIESTA ANUAL DE REGLA se celebraba, de antiguo, el día 8 de septiembre de cada año, sin hacerle procesión a la imagen de la Virgen, pero en virtud de una Junta que se celebró el 8 de septiembre de 1819, se acordó hacerle procesión, pero suprimiendo el refresco que se daba por Pascua de Resurrección. Era camarera DONA RAIMUNDA DE QUERO ORTEGA.

En 1921 se pusieron vidrieras al arco de la capilla. A las ocho en punto de la noche de cada Viernes Santo, se abrían las puertas del templo de San Benito y comenzaba la salida del cortejo procesional.